Publicidad:
Terra
La Coctelera

DEFECTILLOS SIN IMPORTANCIA

Hoy voy a hablar de mis defectillos. Bueno, de todos no, sólo de los confesables, más que nada por si alguien lee ésto y ya no vuelve a pasarse por este blog. Seguro que al final "confieso" más de la cuenta, y la lío.
Me muerdo las uñas. Desde pequeño, y nada, que no he podido quitarme esta costumbre tan penosa...
Empiezo a leer el periódico por la última página. Es de esas cosas que se hacen inconscientemente. Alguna vez me he obligado a cambiar, pero se me hace rarísimo, no me concentro.
Canto en el coche. Y a grito pelado. Ahora cuando llega el verano, me tengo que cortar, porque suelo ir con la ventanilla bajada, y lo mismo (no sé yo) me quitan algún punto por desafinar. Me tendré que leer la nueva Ley a ver qué dice al respecto.
Suspiro mucho. Bueno, va por temporadas, pero en general sí. Esto debe tener alguna explicación, y lo mismo no es ni un defecto. Lo buscaré en el Google cuando tenga un rato.
Echo siempre los mismos números a la Lotería Primitiva. Desde hace muuuuucho tiempo. Tanto, que ya ni me acuerdo. Los 6 números los decidí recordando días claves de mi adolescencia en los que me lo había pasado muy bien (un concierto, mi primer polvo, una acampada con pedo incluido...bueno, lo propio de aquella época).
Y además, no soporto la nata que se forma en la leche, ni los yogures con trozos de fruta o de lo que sea, ni la sal del mar cuando después de bañarme me pongo una camiseta, ni la gente que habla dando gritos, ni a los niños maleducados (aunque sean de amigos), ni a la gente que no llora nunca, ni la zanahoria cruda, ni las sonrisas falsas, ni las almohadas gordas, ni las canciones favoritas de mis ex, ni los que comen palomitas en el cine con la boca abierta, ni a los que presumen de no tener tele en casa.
Por hoy ya está bien. No hay nada como un buen blog para, de vez en cuando y sin abusar, quedarte a gusto. Oye.

ROMÁNTICO

Hay temporadas en las que miro a mi alrededor y veo parejas por todos lados. Esto me pasa durante todo el año, pero especialmente en primavera. Ahora que los días son más largos y que empieza el calor, veo más parejas que nunca. Mire donde mire, vaya donde vaya, siempre hay una parejita cogida de la mano, o dándose un beso, o mirándose con cara de tontos. Probablemente, y a nada que escarbásemos un poco, nos daríamos cuenta de que no son muy felices, sus vidas son anodinas y que la comunicación entre sus miembros brilla por su ausencia. Pero están juntos, y yo es lo que veo.
Cuando me topo con ellas, no puedo evitar acordarme de cuando yo he estado enamorado. Y lo echo de menos, aunque de mi última relación no haga tanto.
¿Seré eso que llaman "un romántico"? Joé, pues lo mismo sí, y no me he dado cuenta hasta ahora... Pues es una putada, porque por lo que he oído ser romántico está pasado de moda. Los síntomas son bien sencillos: querer tener a alguien en quien pensar, alguien que te quiera, estar dispuesto a dar besos y abrazos sin límite, llegar a una complicidad total con otra persona, reírte con ella hasta no poder más... Pues me temo que los tengo todos. Tendré que medicarme urgentemente para parecer todo lo contrario. Pero, ¿existirán pastillas para eliminar estos pensamientos absurdos de mi cerebro y convertirme en una persona normal, o sea, más bien insensible, estresada, preocupada sólo por tirarse a cuantos más mejor, por tener un móvil de última generación y por dejarse ver un sábado tras otro en los locales más "in"? Doctor, dígame que sí que existen. Quiero tomarme ya esas pastillas. No podría soportar ser una reliquia en pleno siglo XXI.

GAY

Más cosas. Antes de seguir, una puntualización vital: soy gay. Y no es que crea que ser homosexual puede condicionar toda una vida (condiciona sólo determinados aspectos de la misma, aunque hay gente a la que sí que le ha condicionado totalmente), es que creo que es importante dejarlo claro desde el principio, para que se me pueda entender mejor en el futuro.
Cuando uno descubre en su adolescencia que es gay, que algo pasa, que no eres como los demás, saltan todas las alarmas. Ahora, y no es un topicazo, todo es más sencillo: hay más información, más visibilidad y, aunque aún hay mucha intolerancia, por lo menos tienes referentes más visibles, todo está menos oculto. Hace algunos años era todo más complicado. En mi caso, me lo planteé en serio a los 15 o 16 años. Me dije: "a ti te pasa algo. Investiga". Me puse manos a la obra y hasta hoy. Afortunadamente nunca lo he llevado mal. Me refiero a que hay casos de gente marcada totalmente por su homosexualidad, sobre todo, en la no aceptación por parte de sus familias, o lo que es peor, la no aceptación por parte de ellos mismos. Yo he estado armarizado una gran parte de mi vida, pero hace ya un tiempo lo llevo con bastante normalidad. Ni lo voy pregonando (nunca me ha gustado llamar la atención), ni lo escondo bajo siete llaves. Con el tiempo me he dado cuenta de que lo mejor es comportarse con naturalidad.
Ahora, eso sí, ser gay (y más cuando eres muy joven) es una putada. Ser diferente siempre ha sido más complicado. La sociedad siempre pone más obstáculos a quien se sale de la "norma". Y lo malo es que no te sales de la norma porque tú quieres, sino porque eres así, has nacido así, te ha tocado ser así. No entiendo a la gente que dice que es una opción (a mí no me preguntaron cuando estaba en el vientre de mi madre, qué quería ser). Es una lotería y algunos teníamos más papeletas desde que asomamos la cabeza a este mundo. Lloramos igual, nos cortaron nuestro cordón umbilical igual, nos dieron de mamar igual, pero desde ese primer momento ya éramos gays. Y ni nuestra madre ni el médico que la ayudó lo sabían. Nosotros tampoco sabíamos lo que se nos avecinaba. Acabábamos de nacer en un mundo un tanto hostil, y no sabíamos lo que nos esperaba.

TREINTAYTANTOS / TREINTAYBASTANTES

Ayer creé el blog, y ya era complicado. Uno no está muy puesto en el maravilloso y siempre sorprendente mundo de la informática. Uno sabe lo que es Google, copiar - pegar y cuatro cosas más. Ahora (a estas alturas, dirán algunos) he descubierto el Emule y todas sus posibilidades, y lo confieso: estoy sorprendido de lo que encuentro. Nunca podía imaginar que alguien tuviera metidas en su ordenador según qué canciones que nunca debieron haberse grabado. Otro día hablaré de mis gustos musicales. Ahora no. Hoy toca otra cosa.
Hoy toca entrar en materia, voy a hablar de mi edad. Una edad conflictiva. Aunque eso podría decirse de todas, mi edad, treintaytantos, bueno treintaybastantes, es jodida.
Con veintitantos estás descubriendo la vida, tanteando, estás a tu bola, esto me gusta, esto no, esto me apetece, esto no. A partir de los treinta (por lo menos eso me pasaba a mí) empiezas a querer una "cierta estabilidad". Lo he puesto entre comillas porque, además de que me gusta mucho poner comillas, lo de estabilidad suena a adosado, mujer, dos niños, un perro y centro comercial los domingos, y yo a eso, ya lo digo desde ahora, no aspiro. Ni mucho menos. Con lo de la estabilidad me refiero a tener a alguien al lado que esté pendiente de ti, alguien de quien estar pendiente, alguien con quien compartir aficiones, risas, penas (que también las hay), confidencias, viajes, compromisos engorrosos...qué sé yo: todo. A los treintaytantos yo busco complicidad, saber que siempre tendrás un plan con alguien que te apetece (el plan que sea: desde ver una peli detrás de otra tumbados en el sofá, hasta un fin de semana loco y desenfrenado, pasando por una escapada fuera de Madrid), sentir cerca a alguien que te acurruque cuando estás de bajón, y que te diga lo que necesites oír a cada momento. Y lo encontré. Y lo tuve durante mucho tiempo. Y lo perdí. Ohhhhh. Qué pena. Pues sí. Pero fue mejor así. Luego encontré a alguien que yo creía "especial" (venga comillas), y resultó que no lo era. Ohhhhh, otra vez. Y ahora, cuando los treintaybastantes empiezan a ser treintaymuchísimos o treintaydemasiados, sigo buscando y necesitando lo mismo. No lo puedo evitar.
Alguien dirá: "No descubres nada nuevo. Todo el mundo busca eso, necesita eso". Pues no. O si lo buscan, no se nota. No todo el mundo quiere algo así. Hay mucha gente que no. Gente que teme perder su independencia, su libertad y hasta su vida. Como si tener pareja fuera estar enjaulado o muerto.
Y yo no quiero jaulas, que me recuerdan a Angel Cristo y se me pone mal cuerpo.

LO MÁS DIFÍCIL

Lo más difícil de un blog es empezarlo. Sin duda. Es lo más complicado. Se supone que hay que contar cuáles son tus pretensiones, tus objetivos, para qué lo creas... porque no nos engañemos: el que crea un blog lo crea para algo. Esto, que podría parecer una obviedad, no lo es tanto.La gente suele emplearlos blogs para desahogarse, para quedarse a gusto, para gritarle al mundo lo que no puede decir en vivo y en directo por miedo a que le den una paliza o, lo que es peor, le den de lado. Incluso me han contado que hay quien hace blogs porque no tiene otra cosa mejor en la que ocupar su tiempo... Hay de todo, pero la mayoría lo hace para conseguir algo.
Yo lo tengo muy claro, y lo digo desde el principio. Acabo de crear este blog para ENCONTRAR EL AMOR DE MI VIDA. Como objetivo no está mal.
Es muy ambicioso, pensarán algunos; es una locura, pensaran otros; este tío es gilipollas, dirán los más criticones...
Pues sí, no me importa lo que diga la gente (Dios, me ha poseido el espíritu de Raphael por un momento). Imagínate que por vía blog acabo dandome de bruces con mi media naranja (expresión que nunca he entendido. ¿Por qué no es una media pera, o un medio kiwi?). Imagínate poder decir: "pues yo a mi pareja no la conocí ni tomando copas, ni en el trabajo, ni en una reunión de antiguos alumnos, la conocí en un blog..."
En fin, que me voy a poner manos a la obra, y en sucesivos artículos me iré presentando con mis virtudes y defectos (los justos para parecer humano), y prometo explicarme más y mejor. Espero.